miércoles, 2 de enero de 2013

El regreso a lo básico


En mi primer escrito para este blog en el naciente 2013 decidí regresar a una de mis pasiones fundamentales. Los monstruos y Batman son los primeros romances de mi vida. Tengo la fortuna de mantener un diálogo constante con ellos desde entonces. Los abrazo todos los días. A horas de concluir el año pasado, me topé con una pequeña sorpresa: la adaptación animada de una de las historias que más entraño, El regreso del Caballero Oscuro. La dirigió en 2012, directamente para el video, Jay Oliva. Para mi inmensa frustración, la dividió en dos partes. La segunda estará disponible los últimos días de este mes. Pero volveré a ella más tarde.
El regreso del Caballero Oscuro fue la primera de cuatro historietas originalmente escritas e ilustradas por Frank Miller, entintadas por Klaus Janson y brillantemente coloreadas por Lynn Varley, publicadas en abril y junio de 1986. Le siguieron El Caballero Oscuro triunfante, La caza al Caballero Oscuro y La caída del Caballero Oscuro. Un año después fueron compiladas en un solo tomo, que recibió el título del primer relato. Todos los elogios que tengo para esta historia son pocos. El crítico y escritor Les Daniels la considera seminal para el universo de Batman. Forma parte de la mayor parte de las listas de las 10 mejores novelas gráficas de superhéroes que conozco. Por si fuera poco, la compilación cuenta con un lúcido ensayo introductorio de Alan Moore, autor de Watchmen, otra historia decisiva durante la década de los 80. Richard Reynolds, en Superheroes, a modern mithology, califica ambas como puntos decisivos de evolución de la historieta de superhéroes. El mensaje final de Moore, dirigido a quienes conocían por vez primera la historia, es certero: “para el resto de ustedes, que están a punto de entrar a un nuevo territorio, sólo puedo expresarles mi extrema envidia. Están a punto de encontrarse con un nuevo nivel de narración de historietas. Un nuevo mundo con nuevos placeres y dolores. Un nuevo héroe”.
 Inscrita en un universo alternativo (en el Multiverso DC, los expertos dicen que en la Tierra 31), la narración sigue a Bruce Wayne, quien tiene 55 años y está retirado de sus actividades como justiciero. Se ha enfrascado en su vida como multimillonario parrandero, adicto a las carreras de autos y al alcohol. Brinda con James Gordon, a punto de retirarse como Comisionado de Policía de Ciudad Gótica, por el décimo aniversario de la última aparición pública de Batman. Observa con fastidio la degradación en que se ha sumido la urbe, ahora dominada por una viciosa y sanguinaria banda conocida como Los Mutantes. Sigue atormentado por la muerte de sus padres y la de Jason Todd, el segundo Robin. También continúa obsesionado con la visión de un murciélago. Hastiado por la situación y por contener su verdadera esencia, decide regresar a la actividad a pesar de las objeciones de su fiel y anciano mayordomo Alfred. Su regreso causa todo tipo de reacciones, desde los que abiertamente lo apoyan (como Lana Lang, editora del diario El Planeta) hasta los que se oponen ferozmente (como el Dr. Bartholomew Wolper, el psiquiatra de Harvey Dent/Dos caras y el Guasón). Se enfrenta a ellos, al malvado Líder Mutante y a un antiguo y poderoso aliado, quien ahora se ha convertido en un sirviente del Imperio, auxiliado por sus enormes recursos (“no fue fácil sintetizarla, Clark. Tomó años y costó una fortuna. Por suerte tenía ambos”), su antiguo colega Oliver Queen (mejor conocido como Flecha Verde) y un nuevo Robin, la entusiasta jovencita Carrie Kelly, de 13 años.
En la narración es muy importante la enorme influencia de los medios de comunicación en la sociedad contemporánea, desde los debates televisivos sobre las nuevas correrías del héroe, el seguimiento noticioso a conflictos armados (como el de Corto Maltese, visto en el primer Batman de Tim Burton, quien le reconoce una gran influencia en la película que catapultó su carrera), la masacre del Guasón en un popular talk show nocturno conducido por alguien muy parecido a David Letterman o las apariciones triunfalistas de un colorido Presidente de los Estados Unidos que no deja de recordarnos a Ronald Reagan. Lo cual no deja de verificar lo dicho por el Dr. Emmet L. Brown (Christopher Lloyd) en Volver al futuro (Robert Zemeckis, 1985), que vi nuevamente estos días: “ahora entiendo por qué tienen un Presidente actor: para que se vea bien en televisión”.
Regresando a la versión animada, sólo puedo reprocharle la ausencia de los pensamientos de Batman, que dan un tono introspectivo al relato: “Debería ser una agonía. Debería ser una masa de músculos adoloridos, rotos, incapaces de moverse. Pero soy de nuevo un hombre de treinta, de veinte años. La lluvia en mi pecho es un bautizo. Volví a nacer” o “Este es el fin para ambos. Pudimos cambiar el mundo, pero míranos. Me he convertido en un botín político y tú en una broma. Quiero que recuerdes, en los años por venir, en tus momentos más íntimos, mi mano en tu garganta. Quiero que recuerdes al único hombre que te derrotó”.
Miller dio una tardía continuación a su historia, publicada entre 2000 y 2001 como El Caballero Oscuro ataca de nuevo, también conocida como DK2. La obra dividió la opinión de la crítica y los aficionados, pero de ninguna manera alcanzó el impacto y originalidad de su predecesora. Por eso me quedo con ella, ansioso por la segunda parte animada, que será un estupendo regalo de Reyes Magos.

Para todos ustedes mis mejores deseos en este naciente año. Háganlo más interesante y productivo que el anterior. Den el mejor sentido a su existencia y a la de las personas que los rodean.
                                                                                                              

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